jueves, 8 de enero de 2015

Rosa Té

A un parisino

26 de noviembre, 1878
Rosa Té está muy enferma, sus labios carmines cada día pierden mas el color y su largo cuello níveo se ve débil contra la almohada a la que lleva postrada ya un par de meses. El dinero cada vez es menos, mi maldita adicción nos ha dejado sin propiedades, sin sus bellos vestidos… Sin la capacidad de poder pagarle los medicamentos para la tuberculosis que se la come por dentro.  No la merezco, vendió sus  joyas para poderle pagar  a la servidumbre un par de meses pero  después de no recibir sueldo alguno se han ido, solo quedan dos o tres de sus damas mas fieles que no son capaces de dejar a la bella moribunda. Con los pocos vestidos finos que le quedan se arregla cada mañana, se colorea las mejillas y los labios para estar en su aposento lúgubre “Quiero  morir bonita” dice ella; Rosa Té aún enferma es bella, algunas veces cuando duerme, la observó y la acarició,  pienso que es la mujer mas bella aún con las ojeras púrpuras, los labios rosa pálido, los pómulos mas marcados que nunca, me provoca un nudo en la garganta que esta mujer hermosa, que amo inexorablemente este consciente de su lenta muerte, que cada vez parece mas próxima.
  Mi Rosa Té perdóname por tanto que te he hecho pasar… Mi bella Rosa Té, aún recuerdo el día que te conocí, paseando por la calle; atemorizado por tu apariencia créme de la créme apenas y me atreví a hablarte, pero en cuanto me viste, toda tu bondad y humildad salió a recibirme y a ahondar en una plática que nos mantuvo hasta que la oscuridad lo inundo todo, te despediste con un beso en la mejilla y partiste en tu carruaje, quedamos de vernos ahí mismo las siguientes semanas, hasta que pedí tu mano. Prometí cuidarte y no le he hecho… Perdóname… Perdóname… ¡Perdóname!
-Fin de la primera anotación  
7 de diciembre 1878
Continué con mi vicio a las apuestas con el fin de recuperar algo para curar a mi Rosa Té, pero sólo pierdo más y más, el dinero no alcanza y Rosa Té se esta dando cuenta, los últimos días me he quedado a cuidarla  y ¡es tan feliz! Siento como si se recuperara un poco mi pobrecita, algunas veces siento que tengo a la Té de toda la vida frente a mí, dice serle suficiente esta medicina de estar conmigo, pero su tos se ha ido intensificando y la cantidad de sangre es mayor, y aún en esas condiciones se las arregla para sonreír cada que entro a su cuarto, me muero por tocar sus labios, pero ella me lo niega diciendo que no quiere que enferme también y en caso de que ocurriese, ella no me podría cuidar y eso la mataría aún mas rápido. Es tan buena, conforme se le va  expirando la vida, siento que me estoy yendo con ella. Mi Rosita, mi Té, mi vida…No te vayas. Iré a probar suerte de nuevo con la esperanza de sacarte de esta oscura enfermedad que te arrebata de mis brazos.
-Fin de la segunda anotación

14 de diciembre 1878
Rosa Té apenas y se mueve, llegue en la madrugada y estaba como un tempano, sentada esperándome sobre su cama “¿A dónde fuiste? ¿Por qué tardaste tanto?” era lo único que atinaba a decirme entre tosidos, la tapé y estuve a su lado hasta que se quedo dormida, lloré sobre su regazo calladamente como un niño pequeño. Ya no quiere comer y dice que su dolor es tan grande que cree que hasta el alma le esta carcomiendo la enfermedad, estoy desesperado.
Las apuestas ya no funcionan y nadie quiere contratarme, el dinero que recibo de la pensión de mis padres ya no es suficiente y sin embargo no dejo de ir a jugar con la ilusión de que algo ocurra, pero solo pierdo, cada ficha que se va es como un día menos de vida de mi Rosa Té. Su talle ahora es como el un diente de león, tan delgado que al acostarla solo necesito medio brazo para rodearlo, una charada de la vida diciéndome de algún modo que mis brazos pronto ya no serán necesarios para ella ¿Qué voy a hacer yo sin Té en mi vida? No habrá nada.
-Fin de la tercera anotación
26 de diciembre, 1878
Rosa Té se me ha ido hoy, mi bella enferma solo dejo la silueta de su figura exquisita en la cama y el perfume de rosas que usaba de acuerdo a su nombre, siempre dijo que era de buena suerte llamarse como una flor con tal aroma, que así iba a dejar huella… Y la dejó, jamás me había puesto a apreciar su perfume como lo hice hoy.
 Llegué de jugar como cualquier día, solo que no era cualquiera, después de mil intentos llenos de fe para salvar a aquella que era el amor de mi vida, gané, gané lo suficiente como para que fuera tratada por el mejor médico del mundo, lo suficiente para ser digno de aquella mujer hermosa con corazón de oro, un millón  exacto. Brinque, corrí, lloré; lo cobré enseguida para llegar a casa con la buena noticia, para ver su sonrisa enorme y con todo el anhelo de una moribunda que se niega a morir… Llegué para encontrar un cuerpo a mitad de la sala a medio preparar para ser velado, creí era mi locura por no dormir bien en meses, corrí al cuarto esperando verla ataviada como siempre, estaba la cama vacía  y su perfume mezclado con ese olor casi imperceptible de cuando se acaba de morir. Deje a mi Rosa Té morir sola, esperándome eternamente en su cama, pero su alma no puedo seguir esperando, mi Té murió angustiada, cansada y esperando… ¿qué hombre soy?… ¿¡Qué clase de ser desalmado soy para no pasar junto a mi esposa lo últimos minutos!? grite por horas, sus fieles compañías me dijeron: “Señor, no se preocupe. La señora Té murió dormida, tanto que lo hacía últimamente la pobrecita, le aseguro que ni lo sintió aquella linda criatura… no se ponga tan mal no había nada que se pudiese hacer”
Fingí tranquilizarme y me encerré en este cuarto donde murió mi Rosita, mi pobre Rosita… Ya no tendrás que esperarme mi amor. Siempre voy a estar contigo.
-Fin de la cuarta y última anotación

  
Alana

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