Cuando hables de mi y lo hagas de mal modo, espero que también hables de ti.
Espero que les hables de todas las veces que me dijiste tonta, de todos los días que me preguntabas para que me arreglaba, que les digas de todas las noches en las que me dejaste ir a dormir llorando.
Cuando le digas a la gente sobre cómo te rompí el corazón, primero explícales cómo me rompiste a mi, cuéntales de la vez que me golpeaste el vientre, de las cachetaditas a las que dulcemente llamabas "correctivos", de las veces que me jalabas el cabello y de aquella vez que me hiciste llorar porque me dijiste gorda, cuéntales de tus otras "relaciones", pero de ellas háblales bien, no del modo en el que te referías a mi con ellas.
Cuando hables de mi, acuérdate de todos los días en los que me quedé callada ante tus reproches y del "cariño" con el que te seguía tratando a pesar de todo, que más que cariño, se había convertido en un miedo irracional.
Cuando hables de mi, también cuéntales de lo valiente que fui al dejarte, cuéntales que hubo alguien que te quiso y que tu nunca supiste valorar.