jueves, 20 de diciembre de 2012

De aquello que no se habla

Las palpitaciones en mi pecho me abruman, el hormigueo en mis manos, los pensamientos fugaces y ágiles en mi mente escapando a los flechazos de mi razonamiento, las lagrimas me inundan a cada momento y la sonrisa sin autenticidad lastima mis pómulos acusándola de su indigna presencia, la locura y la confusión ante lo que me ocurre me resulta aterradora, los fantasmas invaden mi pluma.
Asomo mi cabeza a la ventana con cigarrillo en mano con la esperanza de aclararme, la oscuridad de la noche me resulta estremecedora; mis temores de niña reaparecen, figuras arrastrándose en el piso subiendo por los muros, la sonrisa diabólica, los ojos faltos de emociones, las sombras que se hacen gigantes, descarnados saliendo de la oscuridad, corro a la seguridad de los muros sin acceso a la noche, limpio mi sudor frió frente a el espejo, lavo mi cara y ahí están de nuevo a mi espalda en el espejo, mi rostro transformado en una mueca casi inhumana, solo los ojos me quedan para gritar a los horrores que presencio,   regresan los susurros ¡No soy yo! ¿Quien eres? ¿Que quieres¨? 
Me encierro en mi cuarto resbalándome hasta sentarme enfrente de la puerta , mi respiración agitada, aprieto la alfombra voy a gatas y escalo como puedo a mi cama, un ovillo inmóvil y desnudo en un nido de sabanas, de pensamientos, la cabeza entre las piernas y los miedos escapando por los poros  ¿Desde cuando me dominan? Volteo y veo su rostro desalmado me envuelve entre sus fríos brazos, besa mis labios "Todo estará bien ahora, estoy aquí para no irme nunca" Mis ojos se desorbitan del pánico, palidezco, su rostro, la pared menta... Negro.