A un parisino
26 de noviembre,
1878
Rosa Té está muy
enferma, sus labios carmines cada día pierden mas el color y su largo cuello
níveo se ve débil contra la almohada a la que lleva postrada ya un par de
meses. El dinero cada vez es menos, mi maldita adicción nos ha dejado sin
propiedades, sin sus bellos vestidos… Sin la capacidad de poder pagarle los
medicamentos para la tuberculosis que se la come por dentro. No la merezco, vendió sus joyas para poderle pagar a la servidumbre un par de meses pero después de no recibir sueldo alguno se han
ido, solo quedan dos o tres de sus damas mas fieles que no son capaces de dejar
a la bella moribunda. Con los pocos vestidos finos que le quedan se arregla
cada mañana, se colorea las mejillas y los labios para estar en su aposento
lúgubre “Quiero morir bonita” dice ella;
Rosa Té aún enferma es bella, algunas veces cuando duerme, la observó y la
acarició, pienso que es la mujer mas
bella aún con las ojeras púrpuras, los labios rosa pálido, los pómulos mas
marcados que nunca, me provoca un nudo en la garganta que esta mujer hermosa,
que amo inexorablemente este consciente de su lenta muerte, que cada vez parece
mas próxima.
Mi Rosa Té perdóname por tanto que te he
hecho pasar… Mi bella Rosa Té, aún recuerdo el día que te conocí, paseando por
la calle; atemorizado por tu apariencia créme
de la créme apenas y me atreví a hablarte, pero en cuanto me viste, toda tu
bondad y humildad salió a recibirme y a ahondar en una plática que nos mantuvo
hasta que la oscuridad lo inundo todo, te despediste con un beso en la mejilla
y partiste en tu carruaje, quedamos de vernos ahí mismo las siguientes semanas,
hasta que pedí tu mano. Prometí cuidarte y no le he hecho… Perdóname…
Perdóname… ¡Perdóname!
-Fin de la
primera anotación
7 de diciembre
1878
Continué con mi
vicio a las apuestas con el fin de recuperar algo para curar a mi Rosa Té, pero
sólo pierdo más y más, el dinero no alcanza y Rosa Té se esta dando cuenta, los
últimos días me he quedado a cuidarla y
¡es tan feliz! Siento como si se recuperara un poco mi pobrecita, algunas veces
siento que tengo a la Té de toda la vida frente a mí, dice serle suficiente
esta medicina de estar conmigo, pero su tos se ha ido intensificando y la
cantidad de sangre es mayor, y aún en esas condiciones se las arregla para
sonreír cada que entro a su cuarto, me muero por tocar sus labios, pero ella me
lo niega diciendo que no quiere que enferme también y en caso de que ocurriese,
ella no me podría cuidar y eso la mataría aún mas rápido. Es tan buena,
conforme se le va expirando la vida,
siento que me estoy yendo con ella. Mi Rosita, mi Té, mi vida…No te vayas. Iré
a probar suerte de nuevo con la esperanza de sacarte de esta oscura enfermedad
que te arrebata de mis brazos.
-Fin de la segunda
anotación
14 de diciembre
1878
Rosa Té apenas y
se mueve, llegue en la madrugada y estaba como un tempano, sentada esperándome
sobre su cama “¿A dónde fuiste? ¿Por qué tardaste tanto?” era lo único que
atinaba a decirme entre tosidos, la tapé y estuve a su lado hasta que se quedo
dormida, lloré sobre su regazo calladamente como un niño pequeño. Ya no quiere
comer y dice que su dolor es tan grande que cree que hasta el alma le esta carcomiendo
la enfermedad, estoy desesperado.
Las apuestas ya
no funcionan y nadie quiere contratarme, el dinero que recibo de la pensión de
mis padres ya no es suficiente y sin embargo no dejo de ir a jugar con la
ilusión de que algo ocurra, pero solo pierdo, cada ficha que se va es como un
día menos de vida de mi Rosa Té. Su talle ahora es como el un diente de león,
tan delgado que al acostarla solo necesito medio brazo para rodearlo, una
charada de la vida diciéndome de algún modo que mis brazos pronto ya no serán
necesarios para ella ¿Qué voy a hacer yo sin Té en mi vida? No habrá nada.
-Fin de la
tercera anotación
26 de diciembre,
1878
Rosa Té se me ha
ido hoy, mi bella enferma solo dejo la silueta de su figura exquisita en la
cama y el perfume de rosas que usaba de acuerdo a su nombre, siempre dijo que
era de buena suerte llamarse como una flor con tal aroma, que así iba a dejar
huella… Y la dejó, jamás me había puesto a apreciar su perfume como lo hice
hoy.
Llegué de jugar como cualquier día, solo que
no era cualquiera, después de mil intentos llenos de fe para salvar a aquella
que era el amor de mi vida, gané, gané lo suficiente como para que fuera
tratada por el mejor médico del mundo, lo suficiente para ser digno de aquella
mujer hermosa con corazón de oro, un millón
exacto. Brinque, corrí, lloré; lo cobré enseguida para llegar a casa con
la buena noticia, para ver su sonrisa enorme y con todo el anhelo de una moribunda
que se niega a morir… Llegué para encontrar un cuerpo a mitad de la sala a
medio preparar para ser velado, creí era mi locura por no dormir bien en meses,
corrí al cuarto esperando verla ataviada como siempre, estaba la cama
vacía y su perfume mezclado con ese olor
casi imperceptible de cuando se acaba de morir. Deje a mi Rosa Té morir sola,
esperándome eternamente en su cama, pero su alma no puedo seguir esperando, mi
Té murió angustiada, cansada y esperando… ¿qué hombre soy?… ¿¡Qué clase de ser
desalmado soy para no pasar junto a mi esposa lo últimos minutos!? grite por
horas, sus fieles compañías me dijeron: “Señor, no se preocupe. La señora Té
murió dormida, tanto que lo hacía últimamente la pobrecita, le aseguro que ni
lo sintió aquella linda criatura… no se ponga tan mal no había nada que se
pudiese hacer”
Fingí
tranquilizarme y me encerré en este cuarto donde murió mi Rosita, mi pobre
Rosita… Ya no tendrás que esperarme mi amor. Siempre voy a estar contigo.
-Fin de la
cuarta y última anotación