Pase días enclaustrada en mi apartamento, los cigarrillos se esfumaban uno a uno llenando ceniceros del mismo modo que mi cabeza se llenaba de recuerdos, me preguntaba cuantas veces la había visto, que tanto la seguía buscando; a lo mejor en aquellos momentos en los que yo me llenaba de dolor inescrutable el seguía saliendo descaradamente, buscándola, besándola con aquellos labios que creí míos por algún tiempo.
El teléfono sonó incesantemente por unos cuantos días, me pregunté muchas veces si era el, pero no contestaba por no enfrentarlo, porque no me escuchara, mi voz sonaba como algo ajeno, apagado, sin vida, el solo escucharme me llenaba de una angustia repentina y me mantuve en mutismo; el simple hecho de bajar a alguna dependencia por una cajetilla me apenaba y me refugiaba de nuevo, el tiempo seguía su curso,
y comenzaba a hacerme a la idea de que todo había terminado, algunos días intentaba ignorar el asunto, hacer como si se borrara de mi memoria lo ocurrido, desde el primer hasta el último día en que salimos; otros me llenaba una rabia repentina que descargaba en contra del mundo encontrando hasta el mas mínimo pretexto para enfurecerme y como olla express ir soltando la presión poco a poco y en mis peores días (que fueron pocos pero no por ello tuvieron consecuencias trascendentales) mis dedos parecían cobrar vida propia y urgían por marcar su número, la mayoría de las veces lograba contenerme e iba a la indiferencia o a la rabia de nuevo, hasta que como un virus que intentan contener en las películas y se sale de control, mis ansias ganaron y escuche su voz por el otro lado del auricular. Me congelé por un momento o eso era lo que a mi me pareció, pero al recobrar un poco de control de nuevo me encontré interrumpiendo mis propios reclamos, sollozos e incoherentes palabras, callé por un momento y el silencio invadió algunos momentos nuestras distintas dimensiones, hasta que pude escuchar un suave y desvalido "Lo siento", quise tranquilizarme, intentar obtener explicaciones, y dar las propias, pero solo pude llorar con la bocina enterrándose en la palma de mi mano, como si al dejarla ir lo dejará ir de igual modo, se mantuvo callado escuchando el sonido que era casi imperceptible del dolor que me causaba; era lo menos que podía hacer, escuchar aquel reclamo callado, silente y vergonzoso que solo se asomaba en forma de lagrimas, de algún modo lo necesitaba a lado mio, necesitaba que me abrazara, que me ayudara a digerirlo todo, que solo estuviera conmigo...De algún modo lo hizo, quedándose del otro lado aunque no tuviera que, escuchando lo que necesitaba que escuchara, mientras pudo colgar apenas escucho mis alaridos sin embargo no lo hizo... A veces no entiendo como es que me hace amarlo aunque no debería... Como me hace ir en contra de mi misma.
Alana.
Alana.
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