martes, 16 de octubre de 2012

París en un café VII

Pasamos el fin de semana entero en su departamento, amándonos de momento y platicando en otros; aun así se me  revolvía el estomago con solo pensar que no le había dicho nada de mi historia y yo sabía casi todo de la suya, estábamos claramente mas embriagados el uno por el otro, y me asustaba que regresara a su estado de sobriedad al escucharme, alcanzando a vislumbrar ese tono perverso y frío que de momentos pintaba mi alma o aquel deslavado color de niña asustadiza y enamorada ensimismada en sus mil y un fantasías que se ocultaban al primer monstruo saliendo del armario amenazando con destruirlas.
Me fui el domingo en la noche prometiendo que lo vería al día siguiente, y pese a sus intentos de acompañarme lo convencí de dejarme ir sola, le dije que el departamento no estaba muy lejos y podía tomar un taxi. Fue algo extraño el sentir que nos separábamos después de esos días a su lado, había llegado a adorar su presencia, viéndolo con su cara sonrosada y sus rulos despeinados al despertar, rondando alrededor suyo, disminuyendo mi cordura a cada centímetro que se aproximaba a mi, justo por eso debía contarle todo , no podía comenzar algo con el si no entendía el porque de mis reacciones, si no justificaba mi falta de confianza a veces , tenía que saberlo todo antes de perdernos más en lo que sentíamos,  si es que podíamos hacerlo; salí y le di un beso caminando en el angosto pasillo, solo oyendo el resonar de mis tacones sobre las baldosas, martillando mi cerebro como si fueran las manecillas incesantes del reloj contando los minutos que me quedaban, anunciando que pronto estaría al filo de caer, con el eco de miedo resonando en las paredes, me di media vuelta antes de que cerrara la puerta al alejarme por completo

-En verdad le amo parisino-
-Al igual que yo a usted turista-

Sonreí amargamente, y me fui para perderme en mi desordenado departamento lleno de cajas y muebles sin desembalar, mis recuerdos amontonados en pilares que amenazaban con caerme encima, sin poderlos ordenar nunca en el lugar apropiado, todo Alemania parecía estar en esos simples objetos, cada charla, cada fiesta,cada beso y cada lagrima; impregnados en el sillón para el café, en la mesa de noche,. en el armario,el espejo, y  las cajas repletas de cosas;era todo lo que que allá tenía, y en teoría debía dejar todo atrás pero eran mis cosas y las necesitaba.
Yo no planeaba una estadía permanente, así que no contaba con el dinero necesario para poder amueblar un condó, suficiente tenía con la renta y mis gastos personales que en realidad eran más de los necesarios, pero el sueldo en mi nuevo trabajo me permitía darme esos pequeños lujos, un puesto de editora en "Christian Bourgois" esperando a entrar prontamente al ámbito literario en una de las plataformas mas grandes e inspiradoras de la literatura: París. Mi otro motivo por absurdo que pareciese era Antoine... no tenía nada que me atara a este lugar hasta que lo conocí y observando un fragmento de su mente fue aún mas fácil perderme en estas calles, en los arboles y en el frío de la ciudad, perderme en el  a pesar de lo que parecía poco tiempo desde nuestro primer encuentro, el trabajo y la ciudad parecían razones muy vanales a lado de haber conocido a Antoine, en realidad lo eran, y todas estas ya debían ser sabidas por Alej. El fue el monstruo en el cual caí en lo que parecían los confines de las humanidad en la propia celda que entre los dos habíamos creado, mi más terrible abusador, mi mejor amigo, mi amante y al mismo tiempo la persona que fue victima de mis banalidades y reproches durante años, ambos eramos nuestros torturadores el mio , yo suya.
Debía de tener un par de días desde que recibió el camión de la mudanza, que trasladaría mis cosas a París, casi puedo asegurar que lo hizo de mala gana, había hecho los arreglos con el por correo electrónico, no tenía muchas ganas de tratarlo por el teléfono escuchando el sarcasmo y reproche en su voz tal como me la imaginaba en la correspondencia virtual que me enviaba "Espero te este yendo de maravilla en la capital del perfume, dime, ¿Tienes dinero suficiente? ¿Ya te encuentras "estable"? ¿Ya encontraste alguien con quien pasar tus noches para no sentirte sola ante mi ausencia?" No creía que nada de aquello fuera de su incumbencia así que me limite a responder
"No creo que sea de suma importancia el que sepas como he estado, no quiero charlar contigo, en realidad solo quiero avisarte que un mudanza llegara en unos días, para poder tener todas mis pertenencias de vuelta, lo que sabes que tu compraste no es necesario que lo escondas, mande una lista especificando lo que es mio.
Recuerdos, Alana"

Puedo casi ver su cara retorcida por la rabia que el invadía al saber que estaba decidida a hacer mi huida algo definitivo, al saber que pronto me escapaba completamente de su vida sin dejar nada a cambio por lo buenos momentos, o alguna señal parcial de que podría regresar en unos meses o más a nuestra pequeña rutina de peleas y espirales de desconfianza.Orgulloso como es me lo imaginaba en la puerta principal, con su ceño fruncido y un cigarrillo en la mano; observando callado y recelosamente como me llevaban toda, como a cada minuto mi rastro era apenas perceptible, se iban mi tocador que estaba repleto de cremas de las cuales siempre reprochaba debido a lo mucho que gastaba en ellas, pero terminaba adorando porque volvían el olor que ya lo volvía loco en algo adictivo; puedo jurara que añoro ver pasar los cajones de lo que siempre me veía sacar mis cientos de juegos de ropa interior, sabiendo que a mitad de la noche terminarían tirados en algún lugar de la casa, tal vez en la sala o a la puesta del baño, o debajo de la cama; riendo histericamente cuando a la mañana siguiente descubría algún encaje destrozado. Junto con mis cosas me llevaba mi esencia que tanto me empeñe en dejar en aquellos rincones, diciéndole como en un susurro de viento silencioso mi ultima despedida y que aquel boleto que compre una madrugada hacia París , era un boleto sin regreso.
Desempaque poco a poco, decidiéndome a ignorar los malo recuerdo y recuperar los buenos, se me fue el tiempo hasta que descubrí un rayo de color ocre espiándome sutilmente por la ventana, recorrí con la mirada  lentamente el apartamento como si no lo conociera y tuviese nulo conocimiento acerca del día y la hora que era, me sentía desubicada después de pasar toda la noche reconstruyendo la historia desordenadamente conforme iba acomodando todo, recobre el sentido y vi ese lugar casi como casa, tenía forma y estaba exhausta no solo físicamente, pero el peso que cargaba ante mi inminente pasado tenía agotada la columna vertebral de mis sentimientos, y mis ideas me pesaban ante la creación de una escena contándole mi vida a Antoine, no encontraba el modo indicado y sin embargo debía hacerlo, me fui apesadumbrada a la cama, y me rendí ante el tacto de el almohadón con mi cabeza.

Desperté algo atolondrada al recordar la cita que tenía con Antoine, me bañe rápidamente y me arregle lo mejor que pude con un vestido blanco y floreado a juego con unas alpargatas, tome mi bolso y me aventure a nuestro primer escenario donde el olor a pan y café me seguían alentando a sentarme en ese pequeño callejón de París,y ahí estaba pero en lugar de tener un periódico en mano, tenía la mirada expectante a mi aparición la cual recibió esbozando una gran sonrisa, esta vez en lugar de indicarme qe me sentara como aquel día se levanto para besarme levemente
-Te ves hermosa-  Sentía el aliento mientras lo decía en mi cuello
-Tu te ves guapisimo- No lo decía en afán de devolverle el cumplido como cortesía, en realidad lo hacía como todas las veces que lo veía, impecablemente guapo, con aquellas facciones no del todo armoniosas pero que en su cara hacían un recuadro quita alientos. Tomamos asiento y pedimos el almuerzo, mientras poco a poco me armaba de valor para desentrañarme enfrente de el.
-Creo que es hora de que sepas más de mi, de lo que soy y porque me refugie aquí, no es que mi pasado sea algo tan serio, no soy una prófuga criminal, o inmigrante de algún lado, huyo de mis fantasmas, huyo de lo que fui, curo heridas y recupero lo que me gusta-
Intento interrumpirme con apenas un leve quejido pero continué como si no lo hubiese escuchado.
 -Te mencione que tengo una historia parecida a la tuya, pero ocupe ambos papeles pase de victimaria a victima en cuestión de nada, comprobé la existencia del karma  y lo pague caro, su nombre es Alej y...-

-Tsssht ahora el que te manda callar soy yo, entiendo que tengas un pasado y que quieras explicármelo, yo no quiero que lo hagas, quiero curar tus aflicciones a ciegas, tal vez hice mal en contarte lo mio, no quiero que tengamos de plataforma de despegue nuestro pasado, no quiero que nos persigan fantasmas que a lo mejor ya no lo hacen... Desde cero...desde limpio, con el paso del tiempo tu historia se ira contando, cuando alguna otra. exista.. conmigo-  Me dejo sin palabras de nuevo, entre aliviada y enajenada con su forma de ser, le tome la mano y la estruje en señal de aceptación, estaba enamorada y no podía perder nada.... Nada que no hubiese perdido antes.

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